Cuando la gente tiene lo que necesita quiere lo que desea.
Verdad de verdades, ¿cierto? Dentro de todas las labores del marketing, hacer que la gente adquiera lo que desea es practicamente, desde muchos ángulos, nuestra razón de ser.
Entendiendo que, en muchos sentidos, la propuesta de ver a la labor del marketing como la excelsa creación de satisfactores de deseos puede resultar incómoda para algunos, debo entrar en defensa por una sencilla razón: de que no todo es culpa del marketing.
La sociedad misma ha creado consumidores adictivos, aquellos que creen que todo lo que sale en la TV es la neta del plantea y que no podrían vivir sin lo que ven ahí. Eso es una malformación, una distorsión de la psique, es un paso antes de la locura.
A lo que voy es que, en todo el proceso, está también de por medio el nivel intelectual del susodicho.
Así las cosas, ciertamente, cuando las personas tienen todas sus necesidades cubiertas, comienzan a ser presas de sus deseos. Y bueno, el marketing sabe de que se trata el juego.

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